La verdadera historia del duende de la calle 27 |

Viernes, 21 de Julio de 2017 \ Edición España

'A veces creo que hay vida en otros planetas, y a veces creo que no. En cualquiera de los dos casos la conclusión es asombrosa.'(Carl Sagan)



La verdadera historia del duende de la calle 27


Raising a ghost

Foto: The New York Times 18 de Septiembre de 1870

Hoy abrimos la hemeroteca en noticias del misterio con una de esas historias que por el giro inesperado de acontecimientos resulta cuanto menos increíble. La historia comenzaría así.

Estamos en la década de 1860. Nueva York. Un subastador de la calle de Nasau alquila un inmueble en la devaluada calle 27. Unas mujeres de la familia acuden allí para ir acomodando unos pocos enseres (alfombras, unas sillas y un diván) en las habitaciones de la casa. Un rápido vistazo a la vivienda les sirve para hacerse una idea de el estado de la misma así como  lo que necesitarían para limpiarla y acondicionarla. Atrancando puertas y ventanas dejan la casa para continuar con su labor en otro momento.  Al regresar al día siguiente se encuentran que las sillas y el diván ya no están en la habitación donde los habían dejado si no que aparecen en la cocina colocadas en semicírculo con los restos de un fuego en el suelo. Puertas y ventanas se encuentran cerradas así que es imposible que nadie hubiera podido acceder a la vivienda.  Conocedoras de la leyenda que recorre esa calle acerca de un espectro que algunos aseguran ser una cabeza sangrante que flota por el techo las mujeres salen despavoridas de la vivienda y localizan en la misma calle  a un agente de policía. Presas de una importante desazón exigen a la autoridad que les encuentre un camión para desalojar las escasas pertenencias que habían llevado. El agente incrédulo no las cree así que ellas le insisten en que las acompañe para que pueda ser testigo del fenómeno.

Una calle de la época

Una calle de la época

Efectivamente, el agente puede ver con sus propios ojos lo que las mujeres le han descrito, así que no puede hacer más que conseguir un camión de mudanza para las mujeres y dar parte del hecho a sus superiores. El rumor corre como la pólvora y la calle se llenará los siguientes meses de cientos de curiosos que invadirán la calle.  ¿Fantasmas? ¿Poltergeist? El misterio se mantendría al menos durante una década hasta que el 18 de Septiembre de 1870 un periodista del New York Times publica el artículo que  descubrimos hoy.

En el artículo el autor analiza la situación de dicha calle en  esa época de los sesenta. Si bien la calle 27  no pertenecía a la  clase aristocrática se podría decir que allí se acomodaba una clase media alta de la ciudad. No se sabe muy bien cual fue la razón exacta pero varias de las casas se pusieron en alquiler al mismo tiempo. Para desgracia de los honestos vecinos de la calle, dichas viviendas fueron adquiridas o rentadas para negocios de dudosa reputación…  La fama del barrio fue de mal en peor y hasta las mujeres de bien tenían miedo de bajar a la calle para que no se les confundiera con mujeres de vida alegre.  Se sugirió a las autoridades  que varios agentes se apostaran en la puerta de las viviendas con linternas, para de esta forma, alumbrar a quienes eran los ciudadanos que acudían a esas casas. El resultado no fue exactamente el esperado dado que por una parte se alumbraba a los ciudadanos honestos que acudían a sus viviendas como aquellos que iban a las no tan honestas casa. La presión policial solo pudo hacer que dos de las casas terminaran con sus “negocios”, pero la situación había llegado a un punto que nadie quería alquilar una casa en esa zona. Un periodista avispado compinchado con un socio con suficiente capital vieron negocio en el asunto, pero no obstante su plan de quedarse con la manzana entera era complicado ya que las viviendas no habían bajado de precio lo suficiente. ¿Qué podían hacer para que los vecinos desalojaran sus casa y se las vendieran a un precio irrisorio? Se inventarían la presencia de un fantasma.

Durante varias semanas en el año 1862 la prensa se hizo eco de un supuesto fantasma que estaba atemorizando a los vecinos de la calle 27. El articulista se cuidaba muy mucho de especificar en que vivienda ocurría el hecho paranormal, así que la casa se lleno de cientos de curiosos  que intentaban localizar en las viviendas la presencia del espectro. Tal era la expectación que comenzaron a correr rumores a cual más increíble acerca del supuesto fantasma. Incluso había gente que afirmaba haberlo visto.  No obstante por las noches, la gente desaparecía y eran tan sólo los desafortunados policías que les tocaba guardia con sus linternas los que permanecían en las frías calles. Es aquí cuando surge la picaresca. Los policías descubrieron que a través de una pequeña ventana por la cual se suministraba el carbón a las casas, se podía acceder a una de las viviendas que durante meses había permanecido sin alquilarse. Dado que el negocio de los prostíbulos había decaído mucho dada la presencia policial, los guardias comenzaron a refugiarse del frío de la noche en la cocina de la vivienda, encendiendo un pequeño fuego y durmiendo en el suelo mientras uno de ellos vigilaba en el exterior turnándose.

Una noche, uno de los guardias encontró en la casa unas sillas y un diván  y sin pensar el origen de los mismo los cogió y los colocó en la cocina junto al fuego para que la estancia nocturna fuera más agradable.  De repente, escuchó un ruido en las plantas superiores y al pensar que la vivienda había vuelto a ser ocupada y temiendo que le descubrieran salió de la casa dejando los enseres en su nueva posición.

Como bien habrá sospechado el lector, las sillas y el diván fueron encontradas cambiados de sitio por las mujeres del comienzo. Evidentemente, los agentes encargados de la custodia de la calle no podían admitir que habían sido ellos con lo cual el asunto cobró una mayor amplitud al localizarse la vivienda de los fantasmas.  No obstante con el paso del tiempo la situación volvió a tranquilizarse y la historia quedó en leyenda hasta que este artículo salió a la luz contando la verdad  sobre los hechos.

El autor de la noticia se plantea la interesante cuestión de como la credulidad de la gente puede hacer que una historia completamente inventada genere finalmente una especie de “leyenda urbana” que se va alimentando del propio inconsciente colectivo.  ¿Somos tan crédulos que cada noticia que sale en prensa debemos darla como cierta? Piensen.

Un   dato y una pregunta. Los prostíbulos sobrevivieron a todos estos hechos, ¿pero qué o quién produjo el misterioso ruido que ahuyentó al policía de la casa? Como dicen en el artículo, sería un gato (guiño a la típica explicación que se da para los ruidos en casa encantadas).

Se puede leer la noticia original aquí.